domingo

Día de los muertos - vida y memoria


Día de los muertos
Lizette Arbelaez J.

Hoy primero de noviembre, día de los muertos. Es una fecha que tiene un profundo significado para Alberto Jerez por la vida y la memoria. Por ello quiero transcribir un artículo “Día de los muertos” escrito por Elena Poniatowska, del periódico La Jornada, 1 de noviembre de 2005.

Siento devoción por Elena Poniatowska, personaje interesante e intenso en toda su dimesión. Nació en Paris en 1932 hija de un principe polaco y una hermosa mexicana, Elena a quien yo quisiera conocer, además de ser buena escritora, es activista política polémica y periodista mexicana o una periodista latinoamericana con visión especial. Esa visión la compartimos aquí en honor de Alberto:

Día de los muertos

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Elena Poniatowska/ III y última

Día de Muertos

Con la influencia anglosajona de la fiesta de Noche de Brujas, o
Halloween, en que aparecen monstruos, vampiros, brujas y
fantasmas, México ha olvidado a sus propios personajes del Día
de Muertos, como la famosa Catrina que tantas veces dibujó José
Guadalupe Posada. Diego Rivera también pintó a la Catrina en su
mural Sueño dominical de una tarde en la Alameda Central y la
vemos bailoteando en los cartones del juego de La lotería.

La Muerte adquiere muchos nombres: La Pelona, la Flaca, la Fría,
la Apestosa, la Huesuda, la Calaca. José Guadalupe Posada la
representa con un sombrero de ala ancha, lleno de flores y unos
dientes que se adelantan intentando sonreír, pero en realidad van
a morder.

Nuestra tradición de Día de Muertos no se hace con hechizos,
encantamientos ni horripilantes caracterizaciones, sino con
historias, relatos, cuentos y leyendas que han perdurado en la
memoria de los mexicanos durante siglos. Ahí está La Llorona,
leyenda colonial que todos los mexicanos reinventan con su famoso
penar: ''šAy mis hijos... ay mis hijos!" Esta leyenda nació en
Coyoacán, cuando la Gran Tenochtitlán se tiñó de sangre y de
cadáveres al ser derrotada por los conquistadores. Al
encontrarlos muertos, las madres que perdían a sus hijos
enloquecían de dolor. La versión más conocida es que La Llorona
fue una mujer que ahorcó a sus hijos y los arrojó a un río. Sus
vecinos, al darse cuenta de semejante infamia, la colgaron. Desde
entonces su alma pena por los canales y ríos y los llama con la
esperanza de encontrarlos. Algunas personas de los barrios de
Coyoacán y Xochimilco dicen que la han visto pasar en la
madrugada por las calles o remar en una chalupa.

También los barrios y casas más antiguas de las calles del
Centro Histórico encierran su leyenda. ƑPor qué se llamaba
antes San Juan de Letrán, por qué la calle de Niño Perdido?
ƑPor qué en Guanajuato hay un Callejón del Beso o Ƒpor qué
una hacienda La Quemada? Todas esconden una historia de amor o una
tragedia que ha pasado de generación en generación.

La tradicional obra de teatro Don Juan Tenorio, de José Zorrilla,
es clásica en Día de Muertos; incluso en los mercados todavía
se ven calaveritas con el traje y sombrero emplumado de don Juan y
el hábito de monja de su amada Doña Inés. Antiguamente esos
muñequitos eran de barro y celuloide. Colgaban en los puestos de
los tianguis y cada niño corría por su don Juan y su doña
Inés, pero ahora esas artesanías ya no existen. Ahora se venden
calaveritas de plástico que representan los oficios populares:
carpinteros, médicos, boleros, cilindreros, prostitutas y
taqueros, así como altares de muertos en miniatura con sus
tamales y sus botellas de tequila y frutas hechas totalmente de
azúcar.

Existen otros municipios del estado de México, como Amecameca o
Toluca, donde en Día de Muertos las plazas y arcos principales se
desbordan de puestos de pan de muerto recién horneado, redondo,
con su bolita en el centro y sus huesos azucarados alrededor.

La cantidad de calaveras de azúcar, chocolate y amaranto con
dientes de cacahuate que se produce para este día es infinita:
''La que te agrade, amigo, le ponemos tu nombre a la que escojas";
a un lado del changarro, los vendedores tienen su máquina de
escribir Remington y pegan en la frente de los cráneos sobre
papelitos de colores metálicos los nombres de Juan, María,
Rogaciana, Telésforo, Crescencio, Plutarco y todo el santoral.
También venden unas cajitas en forma de ataúdes a las que se les
jala un hilo y se asoma una calavera de ojos saltones. La
creatividad de los mexicanos no tiene límites. Ir a Amecameca, a
Toluca, a Chalma a Texcoco o Mixquic en Día de Muertos es un
paseo de risa y maravilla.

También de risa y maravilla es la obra de teatro de Elena Garro
El hogar sólido, estrenada en los años 50 por Poesía en Voz
Alta e impulsada por Octavio Paz, quien promovió con enorme
entusiasmo la obra de quien consideraba la mejor escritora
mexicana. El hogar sólido está bajo tierra y los personajes
esperan en el camposanto al nuevo difunto que vendrá a hacerles
más leve su muerte.

Hacemos fiesta para aliviarnos del dolor de la ausencia de los
muertos y para compensar su eterno silencio. Entablamos diálogos
amorosos que nos recuerdan que algún día estaremos con ellos.
Las tradiciones mexicanas se relacionan con la religiosidad, la fe
y la devoción. En el pasado, los zoques tuxtlecos, en Chiapas,
decían que cuando una persona agonizaba se escuchaba con
frecuencia el ruido de una carretilla rondando cerca de su casa,
hasta que fallecía. Aquellos zoques creyeron que era San
Pascualito (como ellos llaman a San Pascual) que esperaba recoger
el alma del agonizante. En 1872, vecinos de los barrios de San
Roque y El Calvario formaron una hermandad para edificar una
ermita dedicada al culto y veneración de San Pascualito,
representado por un esqueleto de madera en su carretón-ataúd. La
devoción a esta imagen, relacionada con el culto a la muerte
creció entre los comerciantes del mercado, curanderos y
espiritistas y se convirtió en el santo más popular del centro
de Chiapas, por lo que se le construyó un templo en los años 50.
En Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en el templo de la Iglesia
Católica Apostólica Ortodoxa Mexicana se venera a San Pascualito
y es muy conocida la leyenda del carretón sobre el que el santo
pasa a recoger muertos y se expone cada 14 de mayo en medio de una
alegre fiesta.

El culto a la Santa Muerte es también un emblema poderoso en el
santoral. Existen muchos devotos a la imagen; basta con ir al
mercado de Sonora en la ciudad de México para ver la cantidad de
elíxires, hierbas, brebajes, pociones, oraciones, devocionarios e
imágenes que reparte la Santa Muerte.

La muerte siempre llega sola y siempre se va con alguien. Los
mortales no podemos evitarla. Es posible torearla, capotearla,
alejarla, espantarla con chochos y médicos, pero algún día
vendrá por nosotros.

La muerte es el acto más simple: ''morir no cuesta tanto, nos
cuesta más vivir", dice el poeta; venir al mundo es difícil,
vivir lo es más y no hay que confundir a la muerte con la
enfermedad, porque esta última también forma parte de la vida.
Para los que tienen suerte, la muerte puede ser una acción
simple, breve y hasta imperceptible.

Qué razón tenía Santa Teresa de Jesús en su poema Vivo sin
vivir en mí:

Vivo sin vivir en mí,

Y tan alta vida espero

Que muero, porque no muero

(...)

Sólo con la confianza

vivo de que he de morir,

porque muriendo el vivir,

asegura mi esperanza;

muerte do el vivir se alcanza,

no tardes, que te espero

que muero porque no muero.

Finalmente, creo que no hay mejor epitafio para una tumba que la
frase que escribió Elena Garro en Los recuerdos del porvenir, que
dice:

''Estoy y estuve en muchos ojos, yo sólo soy memoria y la memoria
que de mí se tenga."


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http://www.jornada.unam.mx/2005/11/01/a05a1cul.php

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